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El Decreto Ley de Prescripción Farmacéutica
 

OPINIÓN DEL SIMAP:

 

DECRETO LEY 2/2013, de 1 de marzo, del Consell, de Actuaciones Urgentes de Gestión y Eficiencia en Prestación Farmacéutica y Ortoprotésica.

 

 El presente Decreto-Ley tiene como finalidad aprobar, con carácter urgente, un conjunto de medidas que afectan a los procesos de selección, prescripción y dispensación de medicamentos y productos sanitarios con la finalidad  de conseguir los objetivos de reducción del déficit público en factores clave relacionados con la prestación farmacéutica y ortoprotésica, en particular.

 

 Para ello este DL regula una serie de programas y algoritmos:

 

- Los algoritmos de decisión terapéutica corporativos para las patologías de mayor impacto sanitario o presupuestario en la Agencia Valenciana de Salud.

 

- Los programas especiales de suministro directo y eficiente de productos farmacéuticos a asegurados y beneficiarios de la Agencia Valenciana de Salud.

 

 -  Las condiciones básicas de regulación del sistema electrónico de receta y órdenes de dispensación.

 

- Las condiciones básicas de concertación de la prestación farmacéutica con las oficinas de farmacia.

 

- Las infracciones, sanciones y procedimientos de nulidad de recetas médicas y órdenes de dispensación prescritas y dispensadas con cargo a la Agencia Valenciana de Salud.

 

 

 

Los algoritmos de este decreto ley, según la Conselleria de Sanitat, producirán un ahorro  de 200 millones, un 16% de la factura farmacéutica global valenciana. Las Cortes ya han validado el DL con apoyo único de los votos de parlamentarios del PP, siguiendo el trámite de urgencia  y sin pasar por todo el proceso de aprobación de una ley (borrador, comisión, nuevo texto, pleno…) impidiendo que se establezca un verdadero debate sobre las medidas establecidas, contando con las opiniones de profesionales.

 

Son múltiples las voces que expresan la inconstitucionalidad del texto. En concreto, los colegios farmacéuticos estudian la fórmula para el recurso ante el Tribunal Constitucional.

 

 

 

          Evidentemente  es importante establecer aquellas medidas que favorezcan el ahorro eficiente, es decir, aquel que se deriva de una correcta actuación médica, de un correcto diagnóstico y plan terapéutico.

 

En primer lugar, nos parece que la fórmula  de este Decreto, al ser una vez más la de Decreto Ley, motivada por la urgencia para saltarse el procedimiento parlamentario al apoyarse una  vez más en la situación económica, no tiene justificación y contribuye al continuo empobrecimiento de nuestro sistema democrático.

 

En este DL podríamos encontrar algún punto positivo si realmente sirviera para conseguir un gasto eficiente en la sanidad pública.  Pero una vez más esta forma de proceder autoritaria y alejada de la práctica clínica puede llevarnos a un nuevo aumento del tiempo que el médico debe dedicar a la burocracia dentro del espacio-tiempo dedicado a la atención al paciente. Nuestros gestores no valoran el pilar de nuestra profesión que es la relación médico paciente y que lo ha sido durante toda la historia de la medicina. Al amparo de las mejoras que podrían aportarnos las nuevas tecnologías en nuestra actividad clínica  se desarrolla de forma implacable un sistema rígido de control, no siempre justificado en la mejora de la calidad de la asistencia sanitaria a la población.

 

 

 

Para nosotros este DL es una nueva vuelta de tuerca en este sentido que desvirtúa nuestro trabajo profesional, y que ni de lejos es capaz de visualizar y por lo tanto enmendar los problemas a solucionar. Un nuevo parche que ahonda en el desprecio a la profesionalidad de los médicos de la AVS a los que hay que atar corto porque en caso contrario se comportan como manirrotos, solicitando pruebas complementarias innecesarias y prescribiendo fármacos incorrectos. Nadie ha ido tan lejos de establecer algoritmos de este tipo, siempre que se han realizado guías o vías clínicas no se ha llegado más allá de una recomendación, dejando al clínico que aportara su experiencia y profesionalidad a la hora de aplicar estos conocimientos al paciente concreto que tenía ante él. Hasta ahora ningún gestor ha mencionado la necesidad de dotar a los médicos del tiempo necesario para realizar correctamente su trabajo, del tiempo y los medios para seguir formándose, para trabajar en equipo y establecer pautas diagnóstico / terapéuticas consensuadas, de que disponga de una distribución de la jornada laboral que le permita  realizar las actividades formativas y de investigación en horario de trabajo y no tener que utilizar para ello el tiempo necesario para el descanso y la conciliación  de la vida familiar.  

 

Pretenden suplir todas las carencias con las que nos encontramos a la hora de realizar el acto médico para que este sea eficiente con la imposición de unos algoritmos terapéuticos sin dotarnos del tiempo necesario para realizar nuestro trabajo con todas las garantías: correcto diagnóstico, valoración de las opciones terapéuticas, exposición de estas opciones al paciente con sus pros y contras, consensuar con él un plan diagnóstico/terapéutico, valorar y explicar las posibles interacciones/alergias y efectos secundarios del tratamiento instaurado, establecer y solicitar las próximas visitas y exploraciones complementarias, además de ir introduciendo todos estos datos en el sistema informático, intentando que esto último no interfiera ni distorsione el clima de confianza médico-paciente.

 

La falta de autonomía en el desempeño de nuestro trabajo junto con la falta de tiempo para su realización y las cargas de trabajo en general por encima de las adecuadas a los procesos a los que nos enfrentamos son motivos reconocidos de riesgo psicosocial y de enfermedad laboral. La imposición de medidas que restan tiempo a la relación con el paciente y merman nuestra capacidad de decisión perjudica nuestra salud y deterioran nuestra implicación con el sistema público.

 

La solución no pasa por imponer algoritmos sino por favorecer nuestra implicación con el sistema sanitario público con medidas encaminadas a mejorar la atención a nuestros pacientes.

 

 

Nos parece interesante esta reflexión que hace Henry Mintzberg al diferenciar las burocracias profesionales, que basan su autoridad en los conocimientos científico clínicos en nuestro caso y donde las normas se fijan fuera de la propia estructura, en las asociaciones libres a las que pertenecen sus profesionales, de las burocracias maquinales, donde la tecnoestructura de la empresa (sus directores) es la que establece los estándares de trabajo, supone un grave problema es la organización, ya que “mientras la burocracia maquinal depende de la autoridad de naturaleza jerárquica –el poder del cargo- la burocracia profesional hace hincapié en la autoridad de naturaleza profesional-el poder de los conocimientos técnicos. De hecho, es difícil confiar en otras formas de normalización en la organización profesional: los mismos procesos de trabajo son demasiado complejos para ser normalizados directamente por los analistas”.

 

 

Por último, volver a insistir en el problema de la burocratización de las consultas, uno de los puntos en los que el  SIMAP ha insistido en su programa de actuación, en  prensa y en todas las comunicaciones que ha podido realizar para mostrar que el problema de la falta de tiempo y de la excesiva burocratización de la consulta es una fuente fundamental de ineficiencia, incluida la económica que es la que más preocupa a nuestros inefables gestores.