Abucasis y su función de control del gasto farmacéutico

 

SANIDAD CLASIFICARÁ A TODA LA POBLACIÓN SEGÚN SU CONSUMO DE FÁRMACOS PARA CONTROLAR SU GASTO.

Es el titular de la noticia publicada en El Mundo el 25 de octubre de 2010.

 

La noticia que nos dio hace unas semanas la Conselleria es que va a poner en marcha un nuevo sistema informático desde la Dirección General de Farmacia, el llamado Sistema de Clasificación de Pacientes de la Comunidad Valenciana (SCP-CV). Basará sus resultados fundamentalmente en los datos recogidos por el Abucasis y la prescripción electrónica.

 

Hasta aquí la noticia parece lógica y positiva. Estamos todos de acuerdo en que la historia clínica informatizada, como concepto general, es sin duda, un avance en todos los sentidos. Y es lógico que se tenga un registro del gasto farmacéutico, como debe hacerse de todas las cosas a las que se destina el dinero público, además de poder sacar otro tipo de conclusiones encaminadas a mejorar la “eficiencia”.

 

Pero a partir de este punto encontramos graves incongruencias y  desafortunadas conclusiones.

 

La primera incongruencia es que para establecer unas conclusiones válidas y fiables de un análisis informático es preciso estar seguro que la recogida de datos experimentales y su introducción en la historia clínica informática no tiene fisuras.

 

Ahora nos ponemos en el escenario de la consulta del médico de atención primaria o especializada, saturación de pacientes y la falta de tiempo lleva a que algunos datos se introducen y otros no. Algunos problemas que presenta el paciente se pueden analizar y otros es imposible poder prestarles atención. Y cuando decimos imposible, es porque no hay posibilidad por falta absoluta de tiempo. Nos proponemos, esperanzados, hacerlo en la próxima visita. Pero, el tiempo no da más que para atender a lo más grave, lo más inmediato, y así, vamos cayendo en lo que se llama la inercia terapéutica. Mantenemos medicación que quizá no fuera necesaria durante más tiempo del deseable o que tendríamos que modificar porque no podemos pararnos a pensar, a interrogar al paciente a explorarlo. Esto es un problema general, lo sabemos y lo aceptamos. Lo que no podemos es combatirlo con las condiciones que nos imponen para trabajar. Porque, para retirar, cambiar o añadir una medicación hace falta un arduo trabajo intelectual en el que se barajan muchos conocimientos y muchas variables. Esto debe ser lo que no saben nuestros gestores que creen que todo se reduce a hacer un clic en el ordenador. Cómo nos sentimos nosotros, deprimidos y estresados. Si quieres hacer tu trabajo como toca lo pagas con tu salud de una forma u otra, pero con seguridad. El síndrome del trabajador quemado, que puede producir con múltiples dolencias graves tanto psíquicas como orgánicas, ronda el 80%  entre los médicos en general. Aquí, en nuestra Comunidad no hay ningún estudio de cargas de trabajo y fatiga mental. Es algo que por ley está obligada a realizar la Conselleria a través de las unidades de prevención de riesgos laborales y que esperamos no demore en asumir esa responsabilidad.

 

Hasta aquí hemos hecho una breve exposición de cómo se recogen los datos. Pero luego está el propio programa informático que ya nació con múltiples defectos, segunda incongruencia,  y entre ellos la utilización de un sistema de clasificación de las patologías, el CIE 9, obsoleto, con denominaciones que ya no se usan y faltando otras que nos permitan precisar la patología y el grado de afectación que sufre cada uno de nuestros pacientes. Luego el propio sistema impide una recogida correcta y precisa de las patologías. ¿Qué podemos esperar del resultado del análisis y confrontación de esos datos?

Es imposible que los resultados que obtenga la Conselleria del análisis informático de los datos que procesará el Sistema de Clasificación de Pacientes de la Comunidad Valenciana (SCP-CV) se ajuste a la realidad de los pacientes.

 

Sobre esta base de clasificación de patologías y su gravedad nuestros gestores de la Conselleria, se atreven a sustentar afirmaciones como estas:

 

….ayudará a los gestores y sanitarios a identificar y clasificar a los pacientes crónicos con mayor riesgo clínico, que a su vez generan una importante desviación económica en el gasto farmacéutico. En este proceso, lo médicos podrán dejar de prescribir medicamentos a los enfermos que abusen porque tendrán información de cuánto gastan otros pacientes con la misma patología.

 

Además, por si no sabemos hacer nuestra profesión tras seis años de carrera, un mínimo de 4  años de residencia y varios años de trabajo asistencial donde no hemos dejado de estudiar y formarnos, se les ocurre que….Otras de las ventajas es que establece un sistema de alertas, que ordena a los pacientes por prioridad de intervención, en cuanto a gravedad clínica y desviación de gasto farmacéutico.

 

Esta forma de utilización de la historia clínica informatizada y la prescripción electrónica, que ya hemos clasificado de avances necesarios y útiles para una sanidad moderna, demuestra que o nunca han sabido o han olvidado lo que es ejercer la medicina. Pero si algo no tiene perdón, es que culpen a nuestros pacientes, que son los más frágiles de la cadena, de ABUSAR. El propio director general de Farmacia de la Conselleria de Sanitat declara que: ..el facultativo podrá ver lo que consumen otros enfermos con la misma patología y si se produce un abuso por parte del usuario le llamará la atención”

 

Nos preguntamos ¿Qué es eso de llamar la atención? Ahora nos toca reñir en lugar de curar.

 

O esta otra afirmación: “Los médicos podrán dejar de prescribir medicamentos a los enfermos que abusen porque tendrán información de cuánto gastan otros pacientes con la misma patología”

Nos descolocan totalmente este tipo de afirmaciones. ¿Acaso no saben en qué principios se basa la prescripción de tratamientos? En la historia clínica, la exploración física, las exploraciones complementarias, el juicio diagnóstico con todas sus implicaciones de edad, de lo avanzado del proceso, de la calidad de vida del paciente. Efectos secundarios de los fármacos a valorar, alergias medicamentosas, posibles interacciones farmacológicas con medicaciones que ya está tomando por otros procesos. Todo esto, son capaces de reducirlo los responsables de nuestra política sanitaria a esta frase. Es decir, ¿Necesita el médico la autorización de un programa informático para prescribir o no un tratamiento? ¿Deciden los enfermos qué fármacos se toman para la tensión, la diabetes, la insuficiencia cardiaca? Abusar significa que piensan que los pacientes se auto-prescriben. Como quien va a un buffet libre se atiborran de fármacos.

 

Frente a la postura de la Conselleria “Los médicos sabrán qué pacientes abusan de los medicamentos”

El SIMAP declara que no se puede buscar un culpable cuando el modelo es caduco. … Que se pretende estudiar y actuar con posterioridad sobre el epifenómeno y no sobre el núcleo de la cuestión.

 

Los médicos y demás facultativos, sólo necesitamos tiempo y cargas de trabajo razonables para realizar nuestro trabajo. Eso sólo se logrará invirtiendo en recursos humanos y adecuando las plantillas. Equipos de trabajo bien dimensionados. Esa es la única inversión que permitirá la satisfacción de pacientes y profesionales, y la única inversión que realmente conseguirá ajustar el gasto farmacéutico.

 

El camino de control que inicia la Conselleria está condenado al fracaso, y además, deja en muy mal lugar tanto a los pacientes como a los profesionales sanitarios. Deja claro que no confía ni en el sentido común y la honradez de los primeros, ni en la profesionalidad de los segundos.